Esto lo escribí hace un par de navidades, nos propusieron un trabajo en clase, había que escribir un cuento de Navidad.
Son las 6 y 30 de la mañana y me lo he encontrado en un viejo fichero de mi ordenador, ya no me acordaba de su existencia, pero me ha hecho mucha ilusión volver a leerlo, así que aquí lo dejo para compartirlo con vosotros.
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Los diecisiete años de Coque estaban llenos de Vida. Un poeta bohemio buscador de amores auténticos, terriblemente escasos en sus días. Hijo de obrero de la construcción y planchadora, luchaba más por sus ideales que por el bocado del día. Su figura pequeña y fibrosa se deslizaba en un andamio, ventana tras ventana, por la inmensa fachada que parecía un gran pasillo pulido hacia el cielo. Visto desde abajo era una pequeña hormiga sin antenas con movimientos rápidos y observadores. Cada ventana era un mundo lleno de historias, un mar de emociones, de luchas por ganar el primer puesto... en todo... Coque se detenía donde los muros ocultaban su imagen al anterior y mirando las calles componía poemas que luego tendrían música y que hablarían de lo cotidiano, de lo simple, de lo mundano, visto con los ojos de un alma limpia y rebelde.
Barbará López de la Rocha manifestaba, como cada mañana, su alta alcurnia en el despacho de Fernando Belmonte, objeto de sus desvelos, que sin ser hombre de titulo tenía una cuenta corriente de lo mas apetitosa. Por supuesto, a Fernando no le contaba que Lope de La Rocha era un apellido compuesto de los dos apellidos independientes, que por si no valían nada, pero unidos y con ligeras transformaciones daban el pego. Tres generaciones atrás, uno de los abuelos se apellidaba López a secas y el otro Roca, como los sanitarios, pero la chispeante abuela de su madre, Doña Eulogia, había decidido fusionarlos para crear una familia de postín.
Mientras Barbará hablaba limpiaba el polvo de la lámpara con su melena y renovaba el aire del despacho con los agiles y distinguidos movimientos de su mano.
Fernando respondía a Barbará con idéntico interés, porque aunque tenía cuenta le faltaba nombre, espacio y publico para lucir sus trajes de marca. Necesitaba ser adulado más que comer. Y manipular le resultaba esencial, porque si alguien le viese por dentro seria su perdición. Poco había dejado de su disfraz. Como era tan pobre por dentro, había preparado una estrategia que utilizaba con todas las mujeres y así no gastaba sus escasas neuronas en inventar una para cada caso. La estrategia consistía en una lastimosa historia sobre un antepasado suyo, del que heredo su talento como artista que llevaba tan escondido dentro de sí. Tanto que nadie lo había visto nunca. El bisabuelo Belmonte, que entrego su vida al tango, llegando a grabar un disco, lo que entonces era un logro, y solo conseguían los auténticos grandes de la música. De ese disco no quedo ni huella. Fernando contaba a todas las mujeres que caían en sus redes, el deseo insuperable de encontrar la grabación perdida. De este modo tenia la escusa de quitarse de encima a la que no le interesase.
Coque navegaba por el edificio observando a la ligera las escenas que en cada ventana se representaban. La vida dentro de aquel rascacielos era una autentica parodia, excepto en una de las oficinas, donde todo parecía autentico. La única ventana que para él era una parada deseada. Aquella que cada mañana, a la misma hora, cuando el reloj de la torra de en frente sonaba con nueve toques magnéticos le atraía como un imán sujetándolo a su marco. Tras aquel cristal siempre limpio, porque Coque cuidaba con esmero, la joven Sara, simplemente Sara, elegía las carpetas que contenían los trabajos del día, mientras saludaba a Paquita, la señora de la limpieza. Riendo se contaban novedades. Mientras, Sara abrazaba las carpetas contra su pecho. ¡Quien fuese carpeta¡ se decía Coque mientras escuchaba cada mañana las historias de aquella mujer que tenía los ojos como perlas negras envueltas en escarcha, sobre una naricilla respingona, bajo la que se trazaba la sonrisa mas hermosa que jamás había contemplado. Coque suspiraba cuando detuvo su aliento para escuchar sin perder detalle de la conversación, porque hoy Sara no reía sino que lloraba desconsolada en los brazos de Paquita, nombrando con desaliento a un tal Fernando, imposible de conquistar.
¿¡No será....!? ¡Imposible! Se decía Coque cuando una emoción igual a un bofetón se estrello contra sus narices. Si era posible. Acaba de oír el apellido Belmonte. ¿Cómo es posible que un ser tan cándido entregue su alma al mismo diablo?
No acaba de salir paquita de la habitación cuando Fernando Belmonte hizo su entrada triunfal, como príncipe rescatador de cenicientas. La tristeza de Sara cambio de un salto a alegría, los latidos de su pecho hicieron palpitar su camisa. Fernando llevo su mano a las mejillas de Sara y con los pulgares le acariciaba los ojos, si ella no se abrazara al cuello de el caería desvanecida. Las galanterías, las promesas en susurros con su voz grave, sonaban a cuento de hadas, pero en realidad era una vulgar seducción, una trampa, un chantaje emocional. Ella cayó en la trampa prometiéndole lo que más decía desear, aun sabiendo que era una tontería, pero a el se le podían permitir esas tonterías.
Coque no puedo continuar su rutina al ritmo habitual, quedando aplastado contra el andamio con el corazón hecho trizas, porque si bien nunca había manifestado su amor por Sara, creía en la existencia de un ángel que diese el mensaje por él, y por arte de magia sus corazones quedasen prendados para siempre. Y así se mantuvo hasta que el estruendo de una idea chocando contra otra, lo despertó.
"les has prometido un imposible, alma de mi alma.
Hare de lo imposible una verdad
Si con ello puedes ser feliz,
Aunque siembre mi desdicha para mañana."
Caminó por las calles de la ciudad, sin detenerse, buscando en todos los rincones el disco de Belmonte, hasta que en un viejo y desastroso tenderete de música encanto la funda descolorida y manoseada la palabra Belmonte, sobre un acordeón abierto y una cara el blanco y negro. Se detuvo sorprendido mientras observaba las facciones del cantante, llegando a encontrar un parecido real con Fernando. Entrego al tendedero el dinero que pidió, sin pensar la cantidad de horas extras que tendría que echar para compensar el gasto, porque el dolor que sentía en el corazón cubría los demás dolores. Introdujo el disco en un sobre, escribiendo el nombre de Sara, y la dirección completa. En una esquina la palabra bien visible de urgente, y coloco tantos sellos como puedo para que llegase a la oficina antes de noche buena. Todo ello sin dejar de caminar hacia el buzón de correos que tenía frente a sus ojos.
Pero la desdicha le llego antes de lo previsto. Escucho junto a su cuello el filo de una navaja mientras le agarraban con fuerza el brazo y una voz corroída le decía a escondidas "te has equivocado de barrio, melenas, dame la pasta o te rajo". "no tengo nada, respondió, puedes verlo tu mismo." La voz ya no se ocultaba, gritaba "no me vaciles nenaza que te reviento".
Coque no supo que decir porque un aluvión de patadas cayó sobre el quitándole el aliento, hasta que esas botas que le molían se alejaron por la acera, tranquilas, sin prisa. Intento levantarse apoyando en el suelo las manos cuando estas resbalaron en un gran charco de sangre. Todo alrededor se difuminaba, miraba desorientado, buscando el sobre que a duras penas consiguió introducir en el buzón. La luz desapareció.
Sara corrió hacia el despacho de Fernando. ¡Feliz navidad! ¡Feliz navidad! Decía a unos y a otros por los pasillos. Rebosante de alegría llevaba el disco guardado en el abrigo. Cuando giro el pomo de la puerta, sin darle tiempo más que a entornarla, escucho del mismo Fernando las palabras hacia Barbará prometiéndole amor eterno. La misma voz que alegremente lepidio que entrase "me alegro de verte Sara, eres la primera persona que conoce la noticia: Barbará y yo nos casaremos el próximo año". Mientras Fernando hacia que se embelesaba mirando a Barbará, el vacio fue inundando el cuerpo de Sara, que creía quedarse sin piernas, sin ojos, sin manos que le agarrasen a cualquier sitio para no caer. Sacando fuerzas de flaqueza y con una sonrisa falsa respondido "es maravilloso. Enhorabuena. Sabía que... Perdón, olvide abrir la oficina y Paquita estará esperando. Os veo Luego"
Deshizo el camino. De nuevo a su oficina. Paquita no había llegado, la habitación estaba vacía. Dejo el abrigo en la percha y sin más miramiento arrojo el disco a la papelera. Se asomo a la ventana y contemplo la gente paseando, las fachadas de los edificios, las farolas, aquel cielo azul y frio. Después de unos minutos de reflexión llego a la conclusión de que no había nada digno de atención detrás de aquel cristal y volvió a su trabajo. Cuando paquita se contaron sus novedades alegremente.
Por aquella ventana nunca más se vio la silueta de Coque.
Nadie más pudo escuchar el son de sus poemas,
Que hablaban de lo cotidiano, de lo simple, de lo mundano.
Los ojos de un alma limpia y rebelde

Hola guapa, me ha encantado este Cuento de Navidad en Verano... tienes mucha imaginación, mucho sentimiento y además describes con mucho detalle, no dejes de escribir.
Un beso.
Gracias Mayca, fue gracioso lo que paso con este trabajo; se lo entregue al profesor lo miró por encima y me dijo que no lo había hecho yo. no me dejo presentarlo al concurso.besos
Vale, ya has conseguido que me salga la madre que soy, jeje
Cuando abrí mi blog lo hice en otra plataforma, luego lo cerré por motivos que no vienen a cuento y junto con algunos amigos nos vinimos aquí, a la Coctelera.
En aquel blog en mi perfil contaba que yo no sabía inventar historias, cuando iba al colegio era muy aficionada a escribir cuentos. Una vez, cuando estaba más o menos en 6º de EGB, ahora de primaria, hubo un concurso de cuentos. Yo escribí uno sobre una paloma y sobre la búsqueda de la paz en este mundo nuestro, una vez que lo vio el jurado mi tutora me lo devolvió y me echó una bronca tremenda diciéndome que yo no había escrito ese cuento y que eso no se hacía, etc, etc, no me molesté en intentar explicar que no era cierto, estaba claro que no me iban a creer, pero aquel día me cortaron mi vena literaria en lo que a escribir cuentos se refiere.
Llegados a este punto sólo te puedo decir una cosa, ya que ahora lo veo de otra manera, que nadie te corte tu vena creativa, tú sabes si lo has escrito, lo que piensen los demás no importa ¿vale?
Otro beso grande de madre virtual, jeje.
Joder que desgraciados que tú eras una niña y a esas edades cualquier cosa que te digan afecta muchísimo. Que fuerte ¡
Tú sigue adelante y vuelve a escribir cuentos y cuando los lea tu tutora de aquel entonces que se los coma con patatas.
Yo cuando lo escribí tenia quince años y no me afecto mucho, luego hable con el profesor y le dije "yo pensaba que eras un poquito más inteligente y te ibas a dar cuenta de en que estaba basado el cuento"
Era total creación mía ya que nos habíamos leído el Ruiseñor y la Rosa de Oscar wille (o como se escriba) y simplemente al leerlo me había inspirado y del tirón había escrito el cuento. Pero bueno que aquí solo valemos los que creemos en nosotros ,así que, que se junten tu tutora y mi profesor y se amarguen mutuamente.
Xd mami Cibernética, que iluuuuuu, besos guapa